viernes, 29 de junio de 2012
La Casa Magra
Su voz tenía una mirada hechizadora, la mujer en el sueño, La casa vivía en un cuento, una hitoria de horror vestida con flores, el romance escrizofrénico de una bestía, jamas as visto un monstruo en un espejo? , a veces crees que las cosas llegan para quedarse, te has encerrado dentro de una mujer? , as cojido el rostro de su espejo y reflejado las puertas de su casa, a veces descubres que las cosas no llegan, que siempre has estado viviendo dentro, y talvez tu te has convertido en monstruo.
Clara Buenaventura atavida en su vestido azul seda, paseaba por los jardines de la casa magra, ,el pastoral parecía danzar en sueño, hacía un sol radiante, y se tendio bajo un arból para apasiguar la temperatura que se apodero de su cuerpo, sintio que algo le rozaba serca del tobillo, había entre el pasto un espejo antique , lo tomo y le miro sin verse en el, Clara no conocía su rostro mas aya del reflejo en el agua, en la casona habían solo dos cosas extrañas, un cuarto oculto, y ningun espejo, ni minimo ni enorme, nada, de ahí, todo era una casa normal, desde luego que Clara sabía lo que era un espejo, siempre escucho hablar de ellos de las historias de los labios de su madre, y por curiosidad en diversos libros de Fíisica.
Una tarde lenta, con el pesor del viento cansado y fresco, clara retomo su paseo por el jardín, pero ahora con la direccion trasada en busca del espejo, con la escusa de cojer algunas vayas, lo tomo ocultandolo dentro de su canasta, los nervios le hacían sudar las piernas, sentía que el piso estaba cubierto de mantequilla y divisaba el pasillo camino a su habitación como el mismisimo purgatorio, afortunadamente la gente de la casa eran tan callados que parecían fantasmas, espiritus levitando en sus uniformes en degradado, haciendo escala a sus ocupaciones, Hector el mayordomo vestia de un negro pulcro, las mucamas de gris medio, la cocinera de un gris claro, la nana de Clara de un blanco total.
Toda la habitación de Clara era de un blanco exquicito, la adornaba con una loca imaginacion, haveces jugaba a dibujar retoños y aves con la Mirada sobre el tapiz, otras lo cubría de bosques verdes y oceanos multicoloridos,todos sus vestidos también eran blancos, y algunos azules, para resaltar sus ojos, esos solo se permitian para la cena, clara siempre suponía que la profecion de su padre le obligaba a educarla de esa manera, un mentor en medicina y con el hospital mas prestigiado en analisis del desorden y comportamiento cerebral que había en el país, sin mencionar que la perdida de su madre le hizo un tanto dificil educarla con menos fribolidad y restringsiones, Clara suponia que algún día su padre habría de buscar un ejemplo de madre para ella, pero con el pasar de su adolecensia termino por entender que eso nunca sucedería, guardaba la ilución de su madre junto a un ramillete que su padre le entrego al cumplir los 15 años, aquel había sido de su madre y siempre lo llevaba recogido al cabello, Clara tomo el espejo envolviendolo en un pañuelo que la abuela le mandara de las Indias, lo escondio curiosamente bajo el ramillete y su novela favorita Un Cuento de Navidad de Charles Dickens.
La noche estaba sumida bajo un espiritu de plata, clara dormia en su profundidad, un murmullo fuerte y largo entro abriendo la ventana, paseando bajo sus cobijas y susurrando …
-Clara, Clara.
La habitación helada la desperto, cerrando así la ventana volvio escuchar aquella voz que le parecía en sueño, la voz de una mujer, como en canto…
- Clara, Clara.
Hacíendose a la idea de que todo aquello fuera un truco circiense de la noche, se volvio vuelta a la cama y durmio profundamente.
A la hora del desayuno le pregunto a su padre, si devido a su aniversario de 17 podría tener la dicha de obsequiarle un espejo, pues era más que visto que era toda una señorita, no hubo necesidad de contestarle, el silencio inmuto el calor del desayuno y tras terminar el almuerzo su padre se marcho sin siquiera mirarle, eso le representaba el no profundo, sentada en las escalerillas de la entrada, iluminandose de sol, ser adorado!, piérdase mi alma! Si no te quiero! Y cuando no te quiera! En caos se convierta el universo! , leía Otelo, de Shakespeare . Un correr repentido de ojas al viento, hiso volar su cabello sobre su cara, al lado de un olor fresco a menta y pasto, entonces escucho que le llamaban.
- Clara, Clara, ven Clara.
- Clara, ven, estoy en el espejo.
Llevandose el libro al pecho se puso de pie en un salto, voltiando hacía el balcon de su habitación, supuso ver el reflejo de una mujer alta y delgada, que en su Mirada reconocía la voz que le llamaba, con un poco de miedo recorrio el pasillo de los dormitorios, las cortinas se movían en un ligero viento, sentia el rechinar de la cerradura enchinarle el corazón, los nervios se le quebraban el pedacitos callendo lento en las gotas de sudor que le corrian por el rostro, con una Mirada detallada en la habitación, girando en torno a todas direcciones se dedico a indagar, pero no encontro nada, nada que la voz ya conocida tomandole el corazón encarselado al escuchar de nuevo su nombre, con el olor tierno a miedo de las manos abrio la cajita de tesoros, como ella le llamaba, y saco de su envoltorio el espejo de mano, tallado delicadamente con rosas y un nombre en letra floreadamente illegible, al tiempo que giraba el espejo frente a ella, aferro el cierre de sus pestañas.
- Mirame no tengas miedo
Lo que le sorpendio no era le hecho de ver un trozo de lago en perfecto congelamiento, no le sorprendía encontrar cada perfecto detalle de su rostro en tan delicado estado de claridad, lo que le sorprendia era reconocerse en esa mujer, y comprobar la voz en su Mirada, encontrar una manera de hablarle a su padre sobre el hehco sorprendente, llego a sentir mas miedo aún, en pensar en la posibilidad de que El la encerrara como a uno de sus pacientes ya fallido de memorias y de cosas de la cabeza, pero ella segura, segura estaba de que loca no era, el asunto era tan real como el chocolate derritiendose a causa del sol en la bandejilla de plata.
Al otro lado de la puerta. -Clara, la Cena , es hora, Clara.
-Porque no hay un solo espejo en casa? Porque nunca me has dejado ver en uno? , si nunca me has privado de nada, salvo eso.
-Clara, te lo he dicho tantas veces, tu Madre, ya sabes la razón.
-Si, se que su locura comenzo cubriendo cada espejo qu ehuviera en esta casa, que escuchaba que alguien le llamaba, que esa locura termino hiriendole las manos cuando rompio todos ellos, que paso sus ultimos días en la habitación proibida, enferma convertida en una bestia, es la misma habitación oculta en la que te encierras cada noche.
-Basta Clara! Déjà de jugar al ilucionista, la culpa es de esos libros que cuentan fantasias que tu Madre te leia, y que aún sigue sleyendo, tender que restringirte la lectura.
Atonita y viendo que esa noche tenía mucho que perder, prefirio guardar silencio, ahogando el tenedor en la carne, al igual que la vista de reojo en el pequeño pasillo que dava al porton de la predicada habitaciǿn, lo que Clara nunca imagino, fue que ahí aguardaba su ma smisero pero no poco valioso de sus sueños, ahí se escondía la realidad de todas sus fantasias.
Continuara ..
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