una noche fresca, con el viento hablando a espaldas, semejando historias por las ramas, la tradición de noche de brujas, todos al sofá, extenuando la tensión ante una serie de cintas clásicas de horror, palomitas con caramelo de calabaza, a mitad de un grito desesperado por el televisor, una mano impaciente a la ventana hizo volar las palomitas, no había absolutamente nadie afuera de la casa y dentro, solo tres adolescentes y un perro durmiendo, a menudo variaban los ruidos por la casa, era vieja y alquilada, decían que la dueña murió sola, pudriendo las paredes con su olor, pero una vieja no podía correr y azotar la puerta, ahí siempre persistían los juegos , objetos perdidos y encierros largos en el baño .. la abuela contaba una historia sobre unos dulces mutantes y como perdió a Sebastián, su amigo era de familia pobre, comida justa y lujos escasos, cada noche esperaba el halloween como si fuesen los santos reyes, era un manjar que solo podía darse esa noche, cuando los dulces se amontonaban y solo era cubrirse la cara de barro, caminar algunas cuadras y esconderse de los gendarmes, un niño de su facha no podía andar por calles de buena posición, la ultima fiesta de brujas, comenzaron el recorrido desde la tarde, cuando el sol apenas se escaseaba, basto la primera casa y una mala elección, no hubo necesidad de llamar a la puerta, una mujer de gran tamaño apareció, en cuanto entramos por el jardín, una extensa flora seca, como dejada para la ocasión, todo parecía olernos,había gatos de todos colores y formas, yo vacile en adentrarme, solo Sebastián lo hizo, la mujer le invito a pasar, - vamos dentro tengo mejores dulces, palomitas de caramelo calabaza, chocolates de murciélago almendrado, y muchos mas a mi amigo le brillaron los ojos, claro ella sabía como atraerle, yo me quede petrificada al recordar que esto lo había vivido antes, como en un sueño de cuento, como la bruja de hansel y gretel, intente alertar a mi amigo, pero la mirada de la mujer gigante me comió la lengua, me quede a esperar y llego la noche, la gente comenzaba a alborotar el barrio, me sentía cansada y con un miedo que intriga, el frío comenzó a aumentar y la gente a desaparecer entre las horas, Sebastián jamas salió y esa fue la ultima vez que le mire, creo! porque a la mañana siguiente un gato azabache de ojos castaños y hundidos comenzó a seguirme con afinidad, nunca pude entender que buscaba conmigo, a mi los gatos jamas me han gustado, pero el tenía algo que me alertaba una afinidad, yo era ya una adolescente cuando nos fuimos del pueblo, y no he regresado a ese lugar desde entonces, pero cada noche de brujas, cuando duermo, me aventuro en el tiempo viejo,vuelvo a ser pequeña, el jardín se torna un bosque extenso, con flores azucaradas y los millones de gatos ronronean entre las ramas..
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