martes, 9 de agosto de 2011
a El, le amo ...
el corredor, un hombre cansado de viajar por las tinieblas, cada que llegaba al sitio tenia que huir, no podía parar mas de tres días en un mismo lugar, era el peligro de nacerle hojas y echarse a dormir, había que continuar, siempre, su plan era infinito, a menudo perdía sus lentes, en cada ciudad se buscaba unos nuevos, en realidad no los necesitaba, jamas llego a usarlos, la habilidad de comer poco, defecar con mucha frecuencia, observar con discreción natural, grababa asta el mínimo punto que aparecía de sorpresa por el cemento de las calles que recorría, sus ojos eran como un capturador fotográfico, hacía una lista de mujeres cotidianas con las que se iba topando, seguramente buscaba algo exacto, preciso, pero era tan difícil de explicarselo a si mismo, que solo tenia el valor de tapar los espejos, nunca les veía, el único viento que sentía era el del polvo, el de la gente y el consumo, el de olores mixtos, nunca el de ella, pues quien podría ser? , el no lo sabía, si quiera llevaba en la mochila una hoja replica de ella, con la que se detenía en escasos momento, cuando había ventanas, aire claro y natural, donde podía ver el mapa de su lunar, su país, donde algún momento, tal vez de viejo, pero justo, volverá a dormir . . .
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