
pasajeros a Madrid ultima llamada para abordar, era el vuelo mas largo de mi mediana vida, y eso que ya me avía acostumbrado a viajar, aún así era una noche pesada; que hombre tan curioso esta sentado a mi costado, no deja de leer, su libro es de pasta violeta, sin titulo ni autor, yo no puedo dejarte de escribir, parece que tenemos algo en común, dijo el, asentí con una sonrisa, tomamos chocolate y pan dulce, me contó sobre su estancia en Chile, tuvo una aventura con una mujer mayor que el, apenas unos veinte o veintidós años, me mostró una imagen de su celular, para nada se notaba diferencia de edad, era una mujer morena y hermoza, peor ella no sonrío para la foto, solo el, eso me pareció un dato curioso, yo le conté de mis burdos amores adolescentes, de mi visión entre el humano y su relación con el mundo, toda una mujer con ansias de vivir, una revolucionaria, pareces mas modelo de revista, los dos reímos, le agradecí el cumplido, desperté al golpe de las llantas del avión, el no estaba a mi lado, supuse que estaría en el baño ya que su abrigo seguía ahí, lo tomé y baje del avión, nunca espere que lo volvería a ver después de algunos años, entre su abrigo dejo aquel libro de hojas limpias, en el que ahora yo escribo para el, la noche que lo encontré de nuevo, fue en el aeropuerto de Chile, sentado cabizbajo, parecía tener frío, apretaba junto su pecho mi libreta, me acerque y con una sonrisa me pidió matrimonio, a los seis años murió,pudo ver nacer la niña que lleva sus ojos azul,le habían diagnosticado SIDA, el jamas quiso tocarme, solo me miraba y me robaba besos claustrofóbicos, de los que yo después rogaba mas, no me importaba nada, yo le amaba y me era suficiente, nuestra hija cumple siete, su pastel de chocolate como el que compro cuando supo que seria papa . . .
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