
fugitiba, silenciosa entre por detrás, a tientas recorrí todos los jardines, la cosina nunca estuvo atrancada y me permitió entrar como rata, el gran salón, sus pinturas finas, rasposas de calor, toda la escena volvió a mi, bailábamos entre el tumultuoso enjambre, me quede de cuclillas abrasando mis recuerdos, entre vueltas de tu mano, el arpa y el piano, una sombra me distrajo, y retorne la misión, las miles escaleras me parecían una humillación de quien no tiene techo, el pasillo de ancestros, cubriendo el tapiz con sus alborotados rostros, podría divertirme y quemarles, pero a eso no he venido,al final las grandes puertas azul marrón' las chapas de oro, ahí estas, tu rostro descansando, pánico hermoso, no doy permiso a las lagrimas de presentarse, pero me hacen revelación, eres tan suave, tan, tan. . . las cortinas de seda árabe, el fierril español de la cama, el arte de miró, tus ropas delicadas y abrumadoras, a todo le das valor, aún debo seguir llorando, aunque no lo siento porque me he entumido en desconcierto, mis botas sucias, me arrojaste al lodo como podredumbre, quemaste mi casa, me robaste la ternura de las mejillas, el rubor es odio, la vela podría también acabar contigo, pero prefiero saber lo que sentiste,no me limito a pensar, tengo la daga en las manos, ya amordazado, cubiertos tus ojos con las bragas rotas que me devolviste, abro tu pecho en forma de estrella, tengo el brillo de tu piel en mis manos, tienes una abertura perfecta,algo cierto hubo en tus palabras, al llamarme bruja, la tormenta calla tu dolor, los truenos me hacen justicia,me vestí de blanco para esta ocasión; Y te ejecuto el corazón, me lo tomo de un zarpazo,lo llevo del centro atravesado en la daga, te quedas tendido en tus lujos, me voy despacio, las risas de los niños se han soltado, los retratos de tus pasados se van diluyendo con el agua que escurre de las paredes,ahora ellos lloran tu cobardía, la gente del baile me ve, me aplauden mientras salgo por la puerta principal de tu palacio, entre la lluvia me desvanezco, ahora que no existo, me he vuelto impaciente. . .
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